México: Entre la caída de “El Mencho” y el umbral de un nuevo capítulo de violencia

Mi perspectiva entre líneas

Por Marfred Ángel

La mañana del 22 de febrero de 2026 quedará en la memoria colectiva de México como un punto de quiebre en la larga y sangrienta lucha contra el crimen organizado. Ese día, fuerzas federales mexicanas abatieron a Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones delictivas más poderosas y temidas del país. 


Quién fue realmente “El Mencho”

Nemesio Oseguera Cervantes no era un criminal común. Tuvo orígenes humildes en Aguililla, Michoacán, fundó organización delictiva el CJNG y bajo su liderazgo lo logró transformar en una organización transnacional con presencia en numerosos estados del país y operaciones de tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

El CJNG consolidó rutas de distribución masiva de fentanilo, metanfetamina, cocaína y otras drogas, así como una estructura armada que rivalizaba con la propia capacidad de respuesta del Estado. La política de expansión territorial del cartel estuvo marcada por la brutalidad: emboscadas a fuerzas de seguridad, asesinatos de figuras públicas y atentados con sofisticados artefactos; incluso la organización logró derribar un helicóptero militar en 2015; además de una estrategia de reclutamiento forzado con engaños de promesas de trabajo con buenos ingresos.

La recompensa con cifras millonarias que México y Estados Unidos ofrecían por su captura reflejaba el nivel de la amenaza que representaba.


El operativo y el abatimiento

La operación realizada en Tapalpa, Jalisco, fue un despliegue de fuerzas coordinadas entre el Ejército, la Guardia Nacional y la inteligencia militar mexicana, con apoyo de información de agencias estadounidenses.

De acuerdo con los comunicados oficiales, el operativo derivó en un enfrentamiento directo con sicarios del CJNG. En el intercambio de fuego fallecieron varias personas, entre ellas El Mencho. El líder criminal fue encontrado herido y murió mientras era trasladado para atención médica.


Una reacción violenta e inmediata: el efecto dominó

La caída de El Mencho no pasó desapercibida. Durante el operativo y después de la confirmación de su muerte, se registró una creciente ola de violencia coordinada por células del CJNG en más de una docena de estados.

Bloqueos con vehículos incendiados en carreteras principales; ataques a instalaciones y unidades de transporte; reportes de enfrentamientos en ciudades como Guadalajara, donde el caos llevó incluso a la suspensión de partidos de fútbol profesional; cancelaciones y restricciones de vuelos en algunos aeropuertos como medida de precaución.

Estas acciones enviaron un mensaje claro: la fuerza de una organización molesta, herida, pero no derrotada ni desarticulada.


Guerrero y Acapulco: repercusiones indirectas

Aunque el epicentro del operativo fue Jalisco, la sacudida se sintió en estados donde el CJNG tiene influencia o presencia, como Guerrero, en el puerto turístico de Acapulco.

Allí, la noticia del abatimiento detonó reportes de bloqueos, momentos de pánico y despliegues de seguridad. La población civil, lejos de ser espectadores lejanos, vivió y vive un clima de incertidumbre y temor: un reflejo del impacto que tiene este tipo de eventos en regiones ajenas al foco principal de los hechos, pero conectadas por las redes delictivas.


Bajas humanas del lado de la legalidad

No se puede analizar este trascendental suceso sin consternarse por el costo en vidas humanas del lado de quienes se enfrentan al crimen organizado por mandato y convicción. Informes reconocen 29 bajas de elementos de la Guardia Nacional y otras fuerzas de seguridad y una civil que perdieron la vida en los enfrentamientos o durante actos represarios del CJNG.

Se confirmó la muerte de dos miembros de la Guardia Nacional originarios del estado de Guerrero, uno de ellos fue un soldado del municipio de Chilapa de Álvarez. 

Todos los caídos son héroes que representan historias, familias y memorias que merecen reconocimiento y homenaje.


El futuro del CJNG: liderazgo, fracturas y violencia

Si bien la operación fue un logro significativo para las fuerzas del Estado, la acción también plantea una pregunta crítica: ¿qué viene ahora para el CJNG?

La respuesta no es sencilla ni tranquilizadora. La organización no tenía un sucesor claramente establecido al momento de la muerte de El Mencho. La ausencia de una figura con la autoridad de imponer orden  abre la puerta a luchas internas entre operadores regionales y células armadas que buscarán hacerse del control.

Expertos en seguridad señalan que esta ausencia de liderazgo puede resultar en una fragmentación de la organización que puede ser caótica, con posibilidades de que surjan facciones independientes o disputas violentas entre grupos criminales rivales por el control de territorios estratégicos. 


México: un país en la encrucijada

El abatimiento de El Mencho simboliza el esfuerzo del Estado mexicano por recuperar el control territorial y desarticular estructuras criminales. Pero esto no se traduce de manera automática en paz o estabilidad, al menos no de forma inmediata.

La historia reciente de México ha mostrado que la violencia criminal no termina con la caída de un capo, sino que se transforma, se adapta y busca caminos nuevos para sostener sus operaciones. La ausencia de un líder puede ser una oportunidad para debilitar a un cartel, pero también un detonante para que otros actores emerjan haciéndose del control de más territorio, y potencialmente más violentas.


Homenaje a los héroes y heroínas caidas

La memoria de los elementos de las fuerzas armadas y de seguridad que han perdido la vida en este operativo debe ser parte de nuestra reflexión colectiva. No solo son estadísticas, son hijos, padres, hermanos y compañeros que entregaron su vida en cumplimiento de un deber y en pro de la seguridad del país.

Recordarlos con respeto y dignidad significa también exigir que su sacrificio no se reduzca a una cifra estadística o a un titular sensacionalista, más bien que sea un precedente para construir un México más seguro y justo.


A manera de conclusión

La muerte de El Mencho marca el cierre de una era, pero también señala el inicio de otra etapa de la violencia organizada en México. La experiencia predispone que la desaparición de líderes criminales no resuelve el problema estructural, sino que lo reconfigura, muchas veces con consecuencias mayores para la seguridad colectiva.

La tarea del Estado no solamente es enfrentar el crimen por la fuerzan sino construir condiciones que reduzcan la violencia de raíz y fortalezcan el tejido social.

El futuro de México no debería seguirse escribiéndo con sangre y miedo; debe trazarse con esperanza, justicia, sentido social y oportunidades para las y los mexicanos.