Mi Perspectiva entre Líneas
Por Marfred Ángel
El Super Bowl 60 (Super Bowl LX), celebrado ayer, 8 de febrero de 2026, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, fue mucho más que el mayor espectáculo deportivo del año. Con millones de espectadores alrededor del mundo, el evento se posicionó una vez más como una plataforma cultural global, capaz de marcar tendencias, generar debates y reflejar tensiones sociales profundas.
En el plano deportivo, la final enfrentó a dos históricos de la NFL: los Seattle Seahawks y los New England Patriots. Con un marcador final de Seattle Seahawks 29 — New England Patriots 13, los Seahawks se coronaron campeones del Super Bowl. La audiencia global superó expectativas: según datos oficiales, el espectáculo de medio tiempo alcanzó aproximadamente 135.4 millones de espectadores en todo el mundo, convirtiéndose en el halftime show más visto en la historia del evento.
Un medio tiempo histórico y lleno de símbolos
En este contexto, el espectáculo de medio tiempo estuvo encabezado por Bad Bunny, quien se convirtió en el primer artista latino y de habla hispana en encabezar el halftime show del Super Bowl en solitario. La presentación de cerca de 13 minutos incluyó invitados de talla mundial como Lady Gaga y Ricky Martin, y estuvo cargada de símbolos culturales profundamente significativos.
La puesta en escena evocó paisajes y ritmos de América Latina, con carrozas, las banderas de los países latinoamericanos y una coreografía que incluyó una boda en vivo, donde dos personas se unieron en matrimonio durante el espectáculo, un acto de celebración que significó unión y amor.
Bad Bunny concluyó su participación sosteniendo un balón de fútbol americano con la frase “Together, We Are America” (“Juntos, somos América”), acompañado de un mensaje proyectado que decía “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, una declaración que resonó con fuerza en redes sociales y medios internacionales.
Contexto de tensión: migración, políticas y representación
Este momento cultural no ocurre en el vacío. Estados Unidos atraviesa un periodo marcado por debates intensos sobre migración y políticas excesivas de control fronterizo que atentan contra los derechos humanos e incluso han dejado personas muertas por el uso de fuerza excesiva por parte de agentes migratorios y fuerzas federales. Las acciones del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) han generado críticas de defensores de derechos humanos y manifestaciones de las comunidades inmigrantes, especialmente latinas, en contra de estás políticas radicales, que son apoyadas por una parte de la comunidad estadounidense. En este contexto, incluso figuras públicas y artistas han denunciado prácticas de detención excesivas y deportación arbitraria de familias.
Benito Antonio Martínez Ocasio de nombre artístico Bad Bunny, cuyas raíces puertorriqueñas y presencia global lo han convertido en una de las voces más influyentes de la música urbana, ya había expresado inquietudes en torno a estas políticas en ocasiones anteriores, llegando incluso a limitar conciertos en Estados Unidos pora proteger a la comunidad migrante latina de las redadas del ICE.
Por eso, su presencia como artista latino cantando en español ante una audiencia masiva, y frente a un país donde el debate migratorio es polarizado, adquirió un significado más profundo que el de cualquier espectáculo musical.
Más que un espectáculo: identidad, presencia y empoderamiento
La decisión de interpretar principalmente en español, de incluir banderas de todos los países latinoamericanos y de mencionar cada uno de ellos en escena constituyó una declaración de presencia: “Aquí estamos, somos parte de esta historia”. El uso de la lengua y la cultura de América Latina en uno de los escenarios más vistos del planeta fue celebrado por muchos como un acto de visibilidad y dignidad cultural.
Las reacciones no se hicieron esperar. El expresidente Donald Trump criticó duramente la presentación, calificandola de “terrible” y asegurando que “nadie entiende una palabra”, además cuestionó la elección artística del cantautor urbano, lo que desató un nuevo debate sobre la diversidad cultural en eventos globales.
En contraste, líderes políticos como la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, celebraron el mensaje de unidad y diversidad expuesto durante el show, considerándolo un acto poderoso y un símbolo de inclusión en tiempos de polarización.
Por su parte, millones de espectadores latinos en redes sociales compartieron lo que significó para ellos ver su lengua, sus ritmos y sus símbolos en uno de los escenarios más relevantes del mundo. Muchos señalaron que fue un momento de orgullo, una validación de identidad y una fuente de motivación para comunidades que a menudo son marginalizadas.
Reflexión final: unidad en tiempos de división
En medio de un panorama global marcado por tensiones migratorias y políticas de exclusión, la participación de Benito Antonio Martínez Ocasión (Bad Bunny) en el Super Bowl 60 ya trascendió como el espectáculo más visto en la historia de este evento deportivo y representó más que entretenimiento, pues fue un gesto simbólico de inclusión cultural y calidez humana, una afirmación de que las identidades diversas no solo existen, sino que son importantes.
Cuando la música va más haya de los límites del lenguaje y se convierte en mensaje, nos recuerda que la cultura es un puente más fuerte que cualquier muro. “Lo único más poderoso que el odio es el amor” no es solo una frase reflexiva: es una invitación a reconocer que la humanidad es más fuerte cuando celebra lo que nos une, incluso en tiempos difíciles y de división.
Como siempre amable lector o lectora, esta es solo la humilde opinión de un servidor, la opinión más importante siempre la tendrá usted. Recuerden “nuestra origen y cultura latina nos da identidad e importancia a nivel global, aunque otros no lo quieran reconocer”; hasta la próxima columna.